19 de noviembre de 2015

María Stma de Regla - Besamanos 2015







Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en su Prendimiento, María Stma. de Regla y San Andrés Apóstol (Los Panaderos).
Capilla de San Andrés. (Dos «pasos»)





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Besapies Hermandad Cigarreras - Sevilla







Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Sagrada Columna y Azotes de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de la Victoria. 
Capilla de la Fábrica de Tabacos.







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30 de octubre de 2015

" El último Armao " - Antonio Burgos





" Nadie lo sabe, pero ocurre todos los años en Sevilla, esta tarde de Jueves Santo. Es cuando el sol de la Bética comienza a ponerse sobre los cipreses, los mármoles y los desnudos torsos de los ciegos ojos de las estatuas de Itálica. Es cuando fugazmente aparece la primera mantilla y se hacen vivos los colores de un cuadro de Bacarisas. Es exactamente cuando por la Correduría viene la Virgen de Montesión desde la plaza de los Carros.

Julio César está, vencedor de la muerte, sobre su alta columna de la Alameda. Lleva escudo, espada y coraza el ganador de Munda. Desde allí arriba, alto el fuste del templo que Adriano le levantara, ve la ciudad, huele la ciudad, oye la ciudad.

Nunca en todo su poder y gloria olió tal poder y gloria como cada primavera. Y oye a Sevilla. Nunca tantos tambores anunciaron sus victorias como anuncian la gloria de Sevilla. Nunca tuvo más victoriosos clarines que los que vienen marcando el son de los campanilleros.

Y es entonces, poderoso en los siglos detenidos, cuando Julio César en la Alameda oye los rosarios del palio de Montesión y sabe que llegada es su hora de cada año. Sin que Hércules lo eche en falta, porque conoce de su anual locura por la ciudad que de muros cercó, y de torres altas, acontece en secreto que Julio César baja de la columna. Nadie le ve con paso menudo y apresurado dirigirse a la calle Ancha de la Feria, meterse en un portal, tocar la campana de una cancela, oír la voz de la vieja del Candilejo, que allí vive y que cada año le dice, con un geranio en el moño y la lejana belleza de la juventud en la profundidad de sus ojos:

---Hijo, menos mal que vienes... Ya me estaba yo diciendo este año: a ver si me va a fallar Julio...

Y sube a una alcoba del principal, y allí, ante el armario de dos puertas cuyas lunas reflejan el cuadro de la Macarena de la cabecera de la cama, tiene cada Jueves Santo su ropa de armao el que las legiones mandó, el que conquistó los pueblos. Miradlo cómo se calza medias y sandalias, cómo triunfa Roma en los flecos de oro que lleva el borde de la enagüeta. Miradlo cómo se ciñe la coraza, cómo se mira al fondo del espejo y el viejo azogue le devuelve las aguas del Rubicón. La suerte está echada. Enciende un cigarro, se cala el casco, toma sobre el hombro la corta lanza, que banderilla torera parece más que hierro, y se echa al barrio. Vedlo por las tabernas, señor del aguardiente. Vedlo por las esquinas, piropo de las macarenas:



---Ole los armaos bonitos, mi arma...

Y así que llega junto a las murallas que alzó, y así que saluda, el puño cerrado sobre el corazón macareno, a su capitán. Y El Pelao siempre le dice:

---Julio, hijo, como estás trabajando fuera y no puedes venir a los ensayos, otra vez te he tenío que poner el último de la gandinga...


Y he aquí que el que mandó las legiones de Roma, el vencedor de las Galias, plumas y tambores, se alinea el último en la misma lágrima común cuando desfilan ante la Macarena. Nadie lo sabe, pero ocurre todos los años en Sevilla. Ese último armao de la Macarena, el que con menos andares toreros lleva al hombro la lanza, el que más voluntad que arte le va echando a su sonrisa cuando pasa ante la plaza de la Feria tras el Cristo de la Sentencia, ese último armao, fue emperador en Roma. Pero cada año, cuando suenan los rosarios de los varales de Montesión, abandona su alta columna y es Julio el de gandinga. Julio el de la gandinga sabe que rendir las lanzas victoriosas a la Madre de Dios vale un imperio. Un Imperio Romano ".



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14 de octubre de 2015

Santa María de la Purísima de la Cruz - Vida y Obra



Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz
En 1875 Santa Angela de la Cruz fundó en Sevilla la Orden de las Hermanas de la Cruz, un grupo de ángeles que a la gloria de la ciudad esta santa quiso legarle. Reconocidas por todos los sevillanos, alabadas incluso por aquellos no creyentes que las conocen. la fundadora de la orden Fue beatificada en Sevilla por el Papa Juan Pablo II el 5 de noviembre de 1982 en un pontifical en el campo de la feria que reunió casi a un millón de fieles, en la primera visita de un Papa a la diócesis hispalense; el mismo Papa, hoy santo, canonizaba a nuestra Sor Angela en Madrid el 4 de mayo de 2003

El 18 de octubre de 2015 un nuevo pontífice, en este caso Francisco I, santificará en Roma al segundo miembro de la orden sevillana que sube a los altares, en este caso sucesora de Santa Angela en le dirección de las Hermanas de la Cruz, María de la Purísima de la Cruz, cuya vida reseñamos a continuación.

María Isabel Salvat Romero nació -el 20 de febrero de 1.926- en el que hoy es el número 25 de la calle Claudio Coello en pleno corazón del Madrid de los Austrias, una vía señorial cercana al Parque del Retiro y  la Puerta de Alcalá. María era hija de Ricardo Salvat Albert, malagueño, y de Margarita Romero Ferrer, madrileña, siendo la tercera de ocho hermanos

Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz
En la mansión madrileña en la que nació la futura monja, murió el poeta romántico sevillano Gustavo Adolfo Bécquer un 22 de diciembre de 1.870. Frente a esta casa se ubica en la actualidad el restaurante Giralda IV...¿casualidades o causalidades?. 
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Fue bautizada en la Parroquia de la Concepción en la madrileña calle de Goya. Completó sus estudios primarios y el bachillerato en el colegio de las Madres Irlandesas de la calle Velázquez, en el que recibió su primera comunión con seis años.

Al estallar la Guerra Civil en julio de 1.936 la familia se trasladó a Figueira da Foz (Portugal), regresando un año después a España e instalándose en la capital donostiarra. Finalizada la guerra la familia volvió a Madrid.

La adolescencia de María Isabel transcurrió en un ambiente cultural y religioso muy significativo. Era una joven elegante, de alto nivel social, guapa, simpática y muy ocurrente; aunque poco habladora; su porte elegante y señorial denotaba un alma llena de Dios.

Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz
Era muy atractiva y tenía muchas amigas, todas ellas pertenecientes a un nivel social alto, entre las que Mª Isabel era muy querida. Acudió a fiestas y alternó con amigos pertenecientes a familias conocidas de sus padres.al mismo tiempo su vocación seguía madurando en su interior. Con su amiga Maricar Ibáñez (que posteriormente se haría irlandesa) solía visitar conventos. Así, en 1.942, tuvo lugar su primer encuentro con las Hermanas de la Cruz. Su vocación encontró la complicidad materna, no así la paterna que trató -por todos los medios- de evitar que se convirtiera en monja.

Al alcanzar la mayoría de edad, el 10 de diciembre de 1.943, hace la Consagración a la Virgen y recibe la medalla de hija de María de su colegio de las Irlandesas. El 21 de julio del siguiente año aprueba el bachillerato superior en la Universidad de Madrid. El 8 de diciembre de 1.944, con 18 años de edad ingresó como postulante en el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz en Sevilla. El 9 de junio de 1.945, tomó el hábito bajo el nombre de Sor María de la Purísima de la Cruz. El 27 de junio de 1.947, hizo su profesión temporal, y el 9 de diciembre de 1.952, los votos perpetuos.

Con anterioridad a ser elegida Madre General en Sevilla, estuvo destinada en Lopera (Jaén), Valladolid, Estepa y Villanueva del Río y MInas. En todos estos destinos ejerció como directora del colegio. En 1.966 ostentó el cargo de Maestra de Novicias. En 1.969 el de Provincial y en 1.970 es nombrada tercera consejera general. El 11 de febrero de 1.977 fue elegida Madre General, cargo que ostentaría durante 22 años, al ser reelegida por unanimidad en 1.983, 1.989 y 1.995.

Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz
Y Santa Angela de la Cruz
Austera y pobre para sí misma -«De lo poco, poco», solía decir- hacía vivir a las hermanas el espíritu del Instituto en la fidelidad a las casas pequeñas y se entregó a todos los que la necesitaban, especialmente a las niñas de los internados. Fiel seguidora de Santa Ángela y observadora intachable de las reglas del Instituto, mantuvo intacto el carisma fundacional.

También los pobres y enfermos ocupaban un lugar privilegiado en su corazón. Así atendía con verdadero cariño a las ancianas enfermas. Diariamente por la mañana iba para atenderlas: las lavaba, les hacía la comida, les lavaba la ropa. Y siempre se reservaba los trabajos más duros y penosos.

Gobernó la Compañía con incansable celo y gigante espíritu de Hermana de la Cruz. Su ideal fue hacer vida el carisma de la Santa Madre Fundadora y con su vida sencilla, humilde y llena de fe, supo dar ejemplo. Fue fiel seguidora de su obra, y ha dejado en el corazón de todas sus hijas deseos ardientes de imitar su amor a Dios y a su Santo Instituto.

Como Madre General asistió a la beatificación de Santa Ángela de la Cruz. Fundó casas en Puertollano (Ciudad Real), Huelva Reggio Calabria (Italia), Cádiz, Lugo, Linares (Jaén) y Alcázar de San Juan (Ciudad Real). El 2 de febrero de 1.997 murió su madre con 96 años de edad.

Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz
En los últimos días de su vida, cuando la cruz de la enfermedad se le hizo sentir de una forma más dolorosa sólo se le oyó decir momentos antes de su muerte: ¡Qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor! Constante en ella fue la unión con el Señor, identificándose con su Voluntad, hasta el 31 de octubre de 1998 que murió a los 72 años de edad.

Sus restos descansan en la Cripta del Convento, donde Santa Ángela estuvo enterrada durante 50 años. Desde su muerte no cesan de llegar hasta ella grupos de personas pidiéndole ayuda y consuelo; se respira aquí paz y gozo. Su vida nos habla de unos valores eternos que todos hemos de ir buscando.


Santa María de la Purísima de la Cruz
Santa María de la Purísima de la Cruz

Oración para obtener una gracia por intercesión de Santa María de la Purísima de la Cruz: 

Te damos gracias Señor y Padre nuestro por haber glorificado en tu Iglesia a Madre María de la Purísima de la Cruz, que renunció a todo para seguirte por el camino de humildad y pobreza, imitando así a tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor. Haz que el ejemplo de su vida suscite en muchas almas el deseo de seguirte más de cerca, siviéndote en la persona de los pobres y enfermos necesitados. Dígnate concedernos por tu intercesión, la gracia que te pedimos. Amen.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.





Información y material gráfico extraídas de la Web de Madre María Purísima


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4 de octubre de 2015

Santas justa y Rufina - Vida y Obra





Santas Justa y Rufina - Duque Cornejo
Santas Justa y Rufina - Duque Cornejo
Las Hermanas Santas Justa y Rufina nacieron en Sevilla por los años 268 y 270 respectívamente Su  familia era la de los Rufinos, ilustre y distinguida, aunque no desempeñaban ningún cargo público y vivían de forma sencilla y sin intenciones de llamar la atención. Por ello las hermanas, desde pequeñas recibieron una esmerada educación de manos de los mejores maestros que la familia podía proporcionarles

Además de la educación que recibían de maestros, las hermanas recibieron en su casa el ejemplo de sus padres, estos les enseñaron a rezar a diario, les inculcaron el amor a Dios y la Virgen, la virtud, la caridad, llegado al punto que las hermanas consagraron su virginidad a Jesús, al que adoraban. Sus padres murieron siendo ellas niñas y el obispo de la ciudad veló para que mantuvieran su fidelidad a Jesús, recomendándoles asimismo que iniciaran un negocio para poder ganarse la vida de forma honrada.

Las hermanas decidieron establecer un negocio de alfarería en la Puerta de Triana que les daría los fondos necesarios para su mantenimiento.  El ambiente no les era favorable; eran cristianas y los cristianos entonces eran perseguidos a muerte.

Santas Justa y Rufina - Juan de Espinal
Santas Justa y Rufina - Juan de Espinal
Empezaban el día oyendo misa y orando durante largo tiempo, y durante el día despachaban en su tienda y atendían las faenas de su propia casa. Eran especialmente caritativas con los pobres, con los que eran muy generosas, pero su mayor preocupación era la conversión de los paganos. Rezaban asíduamente por ellos y siempre que tenían ocasión la aprovechaban para anunciar el Evangelio y enseñar las verdades de la fe a los ignorantes gentiles. Se sacrificaban con ayunos y penitencias, y todo lo que ahorraban se lo daban a los pobres más necesitados, recordando las palabras de Jesús: "Todo lo que deis a los pobres en mi nombre, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa".

En estos tiempos Sevilla era una provincia romana donde se rendía culto a los dioses de la metrópoli. Donde hoy se encuentra la iglesia de la Magdalena tuvo un templo la Diosa Venus, la cual en actitud triste y llorosa por la muerte de Adonis daba lugar a la Diosa Salambona. El día primero de junio se sacaba en procesión, sobre andas, esta imagen, hecha de barro cocido y hueca.

Delante la procesión iban personas pidiendo limosnas para el mantenimiento del templo dedicado a esta diosa. al llegar al lugar donde se encontraban las hermanas, su taller, estas se negaron a contribuir alegando que aquella era una imagen de barro igual que sus botijos, sin ningún don especial y que ellas solo profesaban amor hacia Dios, el creador del mundo y de todas las cosas. Al ir esto las personas que pedían limosnas alertaron a los portadores de la imagen que, para demostrar que su dios era poderoso se echaron sobre los artículos que las hermanas tenían para la venta causando gran destrozo entre ellos. La respuesta de Justa y Rufina fue arrojar un objeto sobre la imagen portada por los romanos alcanzándola y rompiéndola en mil pedazos al tiempo que decían que solo era una figura de barro.

Santas Justa y Rufina - Goya
Santas Justa y Rufina - Goya
A raíz de este incidente las hermanas fueron detenidas y llevadas a presencia del prefecto de la ciudad, al palacio de justicia, sito donde hoy está la Iglesia de María Auxiliadora, fueron llevadas a pie mientras recibían golpes e insultos de aquellos que, en las calles de Sevilla, esperaban el paso de la comitiva de la diosa, y que encontraron en las hermanas una forma de descargar la ira por la rotura de la imagen.

En el palacio de justicia Diogeniano, prefecto de Sevilla les tomó declaración y manteniéndose las Santas en su idea de que solo habían roto una imagen de barro y que el Dios verdadero era Jesús, y viendo que el pueblo pedía un duro castigo, ordenó encerrarlas en los calabozos que aún hoy, mas de 17 siglos después, se siguen conservando en los sótanos de la iglesia de María Auxiliadora.

El día del juicio el Prefecto dio a las hermanas la posibilidad de adorar a los dioses romanos, abjurando de su fe católica a lo que las santas se negaron en redondo aduciendo que solo reconocían a su Dios y que por el estaban dispuesta a derramar hasta su última gota de sangre. Tras ello Diogeniano ordeno que sufriesen tormento.

Fueron varias las torturas que sufrieron las Santas, y en ningún momento su increbrantable fe se puso en duda, sufrieron el potro donde sus huesos fueron descoyuntados, con uñas de hierros candentes marcaron su cuerpo dejando profundas y dolorosas heridas.

Se dice que durante su estancia en el calabozo este se ilumino con un resplandor celestial y la Virgen Santísima se apareció a las hermanas desapareciéndoles los dolores y animándolas a padecer mayores suplicios con tal de no renegar de su fe.

Santa justa y Rufina también recibieron latigazos  mientras eran amarradas al techo  con una cuerda asida a su cabellera, se les arrancaron las uñas de los pies, las hicieron caminar descalzar por riscos y terrenos pedregosos.

De regreso a tu prisión, y ante la deshidratación que ambas sufrían se cuenta que manó agua de la pared para saciar la sed de las santas. En prisión pudieron recibir el consuelo del obispo que, sobornando a los vigilantes, pudo recibirlas en confesión, darles la absolución y la comunión, tras lo cual Justa murió en la misma celda donde se encontraban.

Al día siguiente su hermana moriría en la arena del circo, pero no atacada por un león como se había previsto; una vez en la arena la Santa se arrodilló y comenzó a rezar a Dios, soltado un león hambriento este se dirigió hacia ella totalmente enfurecido pero al llegar a su altura el animal comenzó a lamer los pies de la santa, hecho este que para algunos significaba el triunfo de Dios sobre los dioses paganos y para otros confirmo su idea de que era una bruja, por lo cual un verdugo, a ordenes del prefecto , corto su cabeza.

Santas Justa y Rufina - Murillo
Santas Justa y Rufina - Murillo
Los restos de las dos hermanas, recogidos por el Obispo, fueron depositados en cristiana sepultura en lo que hoy es la Iglesia de los Padres Capuchinos, en la ronda que lleva ese nombre. Allí se erigió una pequeña capilla que con el tiempo fue sustituida por la edificación que hoy podemos contemplar, allí, en la fachado hay  una inscripción en latín que decía: "ESTA ES LA CASA DE LAS SANTAS VIRGENES JUSTA Y RUFINA".

En Sevilla las Santas reciben veneración pues se las considera cuidadoras de la Giralda y la Catedral evitando que ambas edificaciones se viniesen abajo en sendos terremotos ocurridos en  1508 y 1775 en Carmona y Lisboa respectivamente, por ello figuran siempre escoltando a la Giralda en la representación que de ellas se hace.

Respecto a la historia de las hermanas hay datos o indicios que hacen dudar de su veracidad, al menos formalmente, entre ellos está que en la época romana no existía como tal el barrio de Triana, no había puentes, con lo cual el episodio en el cual son trasladadas a través del itinerario que realizaría el cortejo de la diosa romana es bastante improbable. También es dudoso el motivo de la confrontación de las hermanas con la procesión romana, en aquellos años, aun cuando el cristianismo es una religión monoteísta, sus fieles no se oponían frontálmente al politeísmo romano, es más, en la mayoría de los casos permanecían escondiendo su fe por miedo a la represión romana, no siendo probable que públicamente dos cristianas rompieran una imagen de una diosa romana.




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2 de octubre de 2015

Juan, el discípulo predilecto - Córdoba cofradiera





Por su interés y calidad reproducimos íntegramente el artículo aparecido en la web https://cordobacofradiera.wordpress.com/, la cual recomendamos seguir, acerca de las relaciones entre Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa. 

Agradecemos a Córdoba cofradiera el permitirnos hacer uso de su trabajo.

alojamiento original del artículo : Juan, el discípulo predilecto


" En el año 1568 nació en Alcalá la Real uno de los mayores hitos de la escultura española, un hombre que alcanzó tales cotas de perfección a la hora de representar imágenes en madera policromada que tuvo el honor de ser llamado “El Dios de la madera”. Juan Martínez Montañés ha sido uno de los artistas más relevantes de la Historia de Andalucía, al igual que del panorama nacional y exponente máximo de la Escuela sevillana. Imaginero formado a partir de las enseñanzas de los maestros granadinos y sevillanos de finales del siglo XVI, Montañés fue un escultor capaz de plasmar una absoluta belleza clásica en sus obras: artista dotado técnicamente, ilustrador de todo tipo de representaciones, planificador de grandes obras retablísticas, perfeccionador del clasicismo más puro aplicado a la grandeza de la imagen divina, impulsador de iconografías que engrandeció hasta límites insospechados, y creador de modelos de representación identificativos de la escuela sevillana. La obra de Montañés no ha tenido parangón a lo largo del tiempo en el ámbito de la imaginería andaluza, aunque la Historia quiso que no solo destacara como gran escultor, sino también como maestro
Cristo de los Desamparados (1617), obra de Juan Martínez Montañés. Iglesia del Santo Ángel, Sevilla.
Cristo de los Desamparados (1617), obra de Juan Martínez Montañés. Iglesia del Santo Ángel, Sevilla.
El maestro alcalaíno fue partícipe de uno de los encuentros más importantes para el Arte andaluz, puesto que en Junio de 1606 acogió como aprendiz a un joven cordobés de 23 años llamado Juan de Mesa Velasco. Durante cuatro años y medio estuvo aprendiendo junto al maestro Montañés el Arte de la talla en madera, en principio como un miembro más del numeroso y solicitado taller del maestro. Una vez terminados los cuatro años de aprendizaje, Juan de Mesa estuvo trabajando como oficial junto a Montañés hasta 1615 o incluso hasta 1618 por motivos que a ciencia cierta todavía desconocemos. Lo que sí sabemos es la absoluta predilección que Montañés tuvo por el joven cordobés, una preferencia que no podemos asegurar que estuviera basada en el carácter de Juan de Mesa – ya que no conservamos escritos acerca de su personalidad o su aspecto físico -, pero que sí podemos basar en su habilidad como imaginero. A partir de aquí la Historia de Juan de Mesa es bien conocida, pero tendríamos que centrarnos en cómo este ilustre cordobés fue capaz de cambiar la concepción de la imagen procesional andaluza a partir de las enseñanzas de Montañés, por lo que habría que establecer una comparación entre ambos.
La obra pasionista de Montañés no transmite un sentimiento barroco ni un interés notable por la creación de obras conmovedoras o impactantes para quienes las contemplan. El maestro alcalaíno es todavía deudor de una estética que poco satisfacía las necesidades populares, puesto que sus imágenes no representan la figura de un hombre muerto en la Cruz, sino que concibe a un Dios sereno, aquel todopoderoso que no sufre los avatares ni de la Muerte ni de la Pasión, un Símbolo. Sus creaciones no se componen de elementos que reflejen el sufrimiento terrenal del Hijo de Dios, sino que continúa la estela de los maestros sevillanos y granadinos de finales del siglo XVI.
Resulta significativo cómo no existen gran cantidad de obras pasionistas realizadas por Montañés, puesto que en sus representaciones se demuestra una estética fundamentada en la perfección, la idealización y la serenidad de la forma humana pese al sufrimiento de la carne. La estética de Martínez Montañés no le permitió tener en las cofradías sevillanas a sus más estimados clientes, puesto que no cumplía con las necesidades del pueblo llano: sus creaciones pasionistas se pueden apreciar como obras realmente hermosas, ideales de una concepción divinizada, hasta tal punto que la única imagen que actualmente se procesiona -Nuestro Padre Jesús de la Pasión (anterior a 1619)- se entiende como una obra de gran belleza y serenidad a pesar de su iconografía. Es una imagen que nos hace recordar la grandeza de un gran escultor, su dominio de la técnica y su capacidad para acrecentar el valor de las proporciones, pero realmente no conecta con la idiosincrasia popular, puesto que es un símbolo, no un hombre surgido de la madera.
Juan de Mesa fue quien simbolizó el tránsito conceptual de la imagen como símbolo a la imagen como devoción, la representación de la Pasión y Muerte de Jesucristo como Hombre. Hay un empeño generalizado en admitir que la estética de las figuras pasionistas de Juan de Mesa representan el comienzo del Barroco formal. Sin embargo, el avance que lleva a cabo dicho artista no es la consumación de las formas barrocas, sino la plasmación de obras que representan a Jesucristo como un hombre. Juan de Mesa no abandonó nunca los parámetros clásicos de representación de su maestro, pero sí entendió que la realización de la obra pasionista debía tener un componente humano capaz de conectar con el pueblo, y su estética así lo atestigua: sus obras resultan conmovedoras, puesto que resalta determinados detalles que exaltan la concepción humana de la imagen; desde la plasmación de la gravedad con sus cabellos caídos, pasando por las muestras de dolor en gestos y heridas, hasta la zancada de sus nazarenos. Juan de Mesa acerca la imagen religiosa a la condición terrenal por medio de la expresión corporal de las obras que llevó a cabo, introduciendo uno de los conceptos fundamentales del Barroco, la conexión y diálogo con los fieles.
Comparativa entre la Imagen del Cristo del Amor (1618) y la del Cristo de la Buena Muerte (1620), obras de Juan de Mesa. Situadas en la sevillana Colegiata del Divino Salvador y en la capilla de la Universidad de Sevilla respectivamente.



La gubia de Juan de Mesa fue creadora de un gran elenco de imágenes procesionales, destacando especialmente su nómina de crucificados – sin parangón en la Historia del Arte de Andalucía -, concebidos a partir de un conocimiento exhaustivo de la anatomía humana. En las imágenes sevillanas del crucificado del Amor (1618) y en la del Cristo de la Conversión del Buen Ladrón (1619) se puede observar esa nueva concepción de la Imagen como devoción. A pesar de ello, Juan de Mesa nunca olvidó las enseñanzas de su maestro, interpretando en la talla del Cristo de la Buena Muerte (1620) su propia concepción de la imagen como símbolo, una representación que no fue concebida para la devoción popular, sino para el recogimiento de la comunidad jesuita.
Otro tipo de obras pasionistas también fueron destacadas en la producción de Juan de Mesa. Una de ellas es aquella en la que muestra a Jesús cargado con la Cruz camino del Calvario: en las obras de Jesús del Gran Poder (1620) y el nazareno de La Rambla (1621) – cuya importancia no podemos percibir en toda su plenitud debido a las desafortunadas restauraciones a las que se ha sometido la talla – notamos un avance conceptual de la imagen procesional, puesto que Juan de Mesa será quien le otorgue a este modelo iconográfico el movimiento propio del pasaje de la Pasión que se representa en ambos casos. Otra representación destacada en la obra de Juan de Mesa es la efigie de Cristo muerto una vez descendido de la Cruz, destacando el conjunto escultórico de la Virgen de las Angustias de Córdoba (1627): el momento más conmovedor de la Pasión y Muerte de Jesucristo fue entendido por Juan de Mesa como el de mayor expresión por medio de su conocimiento de la anatomía humana y realizando una imagen de Cristo muerto que puede considerarse como el máximo exponente de su obra pasionista.
Visión general del conjunto escultórico de las Angustias de Córdoba (1627), obra de Juan de Mesa.  Fotografía: David Rodríguez
Visión general del conjunto escultórico de las Angustias de Córdoba (1627), obra de Juan de Mesa.
Fotografía: David Rodríguez
Por todo ello, las obras de Juan de Mesa no deben de entenderse como formalmente barrocas, en lo referente a la exageración, la exaltación o la introducción de elementos curvilíneos y antinaturales. Sino que deben de ser reafirmadas como figuraciones naturalistas según cánones clásicos, y cuyos elementos diferenciadores se manifiestan a partir de detalles en pos de la humanización de la imagen divina, acercando la figura de Jesucristo a los fieles. Su gran logro fue crear el modelo de imagen procesional que entendemos hoy en día, una representación capaz de conectar de manera natural con el sentimiento devocional del pueblo andaluz.
Jesús María Ruiz Carrasco
Bibliografía:
– AA.VV.: Alonso Cano y la escultura andaluza hacia 1600. Obra social y cultural Cajasur, Córdoba, 2000.
– AA.VV.: Juan de Mesa. Tartesos, Sevilla, 2006.
– AA.VV.: Y murió en la cruz. Obra social y cultural Cajasur, Córdoba, 2001.
– AROCA LARA, A.: El crucificado en la imaginería andaluza. Publicaciones Cajasur, Córdoba, 1987.
– DABRIO GONZALEZ M. T.: Martinez Montañés y la escultura sevillana. Historia 16, Madrid, 1992.
– GÓMEZ MORENO, M.E.: Escultura del XVII, en Ars Hispanae, vol. XI. Plus Ultra, Madrid, 1971.
– GONZALEZ GÓMEZ, J. M. y RODA PEÑA, J.: Imaginería procesional de la Semana Santa de Sevilla. Universidad de Sevilla, Sevilla, 1992.
– HERNANDEZ DIAZ, JOSÉ: Juan Martinez Montañés. Seix Barral, Barcelona, 1976.
– MARTÍN GONZALEZ, J. J.: Escultura barroca en España 1600 – 1770.Cátedra, Madrid, 1998."


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28 de septiembre de 2015

Ntra. Sra. Dolores - Besamanos 2015






Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono, Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Nuestra Señora de los Dolores.

Parroquia Nuestra Señora de los Dolores. Cerro del Águila. (Dos «pasos»).









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María Stma Dolores y Misericordia - Besamanos 2015






Humilde y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, María Santísima de los Dolores y Misericordia, Mayor Dolor de Nuestra Señora, San Juan Evangelista, San Bartolomé Apóstol y San Antonio María Claret.

Capilla del Mayor Dolor (Plaza de Molviedro). (Dos pasos)









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