7 de abril de 2017

Tres Cristos en Sevilla, Rojas, Montañés y Mesa - Abril 2017








Exposición tres Cristo - Iglesia Santo Angel (Sevilla ) ( foto ABC)




Se cumple este año el 400 aniversario de la hechura del Cristo de los Desamparados, obra maestra del "Dios de la Madera" Juan Martínez Montañes, el cual recibe culto en la Iglesia del Santo Ángel de Sevilla, sede de la Comunidad Carmelita en nuestra ciudad.

Por tal motivo, para conmemorar esta efeméride, durante el mes de Abril se podrán contemplar en Sevilla tres obras de arte sin parangón en la imaginería de los siglos XVI y XVII;

- Crucificado del Seminario Mayor de Granada, obra de 1580 de Pablo de Rojas
- Crucificado de los Desamparados  de 1617, obra de Juan Martínez Montañés
- Crucificado de la Agonía de 1622, obra de Juan de Mesa.

¿ Porqué estas tres imágenes ? se ha intentando  dar valor a la imagen montañesina mostrando a su lado sendos crucificados realizados por su maestro Pablo de Rojas y por su más aventajado alumno, Juan de Mesa; así pues se podrán visionar en el mismo espacio obras de tres generaciones consecutivas de maestros de la talla en madera, algo que dota a la muestra de un valor excepcional.

El convento donde se celebra fue noviciado carmelita,  colegio de teología escolástica, , fue expropiado y expoliado durante la invasión francesa. luego fue Cuartel del Batallón Cívico, Cuartel de Carabineros, Sdad Económica de Amigos del País, Casa de Vecinos... hasta que en 1094 regresan los carmelitas que habían sido expulsados en 1835 después de haber vuelto a su sede en 1813 tras la  salida del ejercito francés.


Pablo de Rojas y su Cristo del Seminario Mayor de Granada

Pablo de Rojas, nacido en 1549 en Alcalá la Real, patria chica también de Montañés, se traslada a Granada en 1579, formándose en el taller de Rodrigo Moreno; hay que hacer notar que las escuelas granadina y sevillana conforman la escuela andaluza de escultura, por oposición a la escuela castellana, centrada en Valladolid y con Jerónimo Hernández como cabeza visible.

Ejerciendo ya en taller propio, tras su formación Pablo de Rojas destaca por ser el artista que engarza el romanismo manierista de la escultura religiosa con el naturalismo del barroco. Rojas establece el modelo iconográfico de lo que serían a posteriori los grandes crucificados y nazarenos que el barroco nos va a legar.

Antes de Rojas las imágenes eran frías, sin tensión, con poca personalidad; la imaginería estaba vinculada al retablo, la obra escultórica no se realizaba para procesionar sino para verse en el interior de los templos por lo que la atención que se le prestaba era limitada, es más, las obras se encargaban a artistas de segunda fila pues su destino era el retablo y la lejanía con el fiel, no prestando especial atención a la imagen procesional.

Trento viene a cambiar el modelo, obliga a sacar las imágenes a la calle, a que abandonen sus altares y retablos al objeto de evangelizar al pueblo, Trento es el abono sobre el cual nace y crecen las grande escuelas de imaginería pues a partir de ahora habrá que esculpir cristos para la calle, cristos que conmuevan al pueblo cuando los mire de cerca,

En este cambio Rojas comienza a elaborar cristos dignos de ser mirados de cerca; para ello los humaniza para conmover y crea un modelo de crucificado muerto contrabalanceado, con poca sangre para evitar el rechazo del orante, cristos veraces, con un rotundo plasticismo, sobrios y que pueden ser vistos como figuras aisladas sin perder su fuerza de catequización al pueblo.


Martínez Montañés y su Cristo de los Desamparados

Respecto a la biografía de Juan Martínez Montañez y su obra remitimos a este artículo dentro de este mismo blog, donde se detallan y muestran ambas facetas.

Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, Jaén, 1568 - Sevilla, 18 de junio de 1649) fue un escultor español que trabajó entre la escultura del Renacimiento y la del barroco. Se formó en Granada con Pablo de Rojas y completó su educación en Sevilla, donde se estableció para el resto de su vida, convirtiéndose en el máximo exponente de la escuela sevillana de imaginería.
Su arte se inspiró en el natural y su producción tiene unas características más clasicistas y manieristas que propiamente barrocas, aunque al final de su carrera apuntó al realismo barroquizante.  

Respecto a su obra, Cristo de los Desamparados, este fue llamado antes Cristo de la Buena Muerte, Cristo del Buen Fin o Cristo de la Lanzada pues fue titular de esta Hdad entre 1851 y 1916; esto fue debido a que la Hdad estuvo radicada en el templo carmelita, pero al marcharse  a San Román los frailes se negaron a desprenderse de la imagen.

El Cristo tiene una medida de 1.75, cruz arbórea y tres clavos, Montañés abandona el modelo de 4 clavos del Cristo de la Clemencia. El Cristo es realizado en 1618 y poco tiempo después se realiza la soberbia talla del Cristo de Pasión. 

Jesús aparece muerto, con la herida en el costado derecho, inclina la cabeza hacía la derecha y adelante apoyando el mentón en el pecho, el cristo tiene un leve descolgamiento respecto del travesaño horizontal de la cruz.  Tiene ojos cerrados, con ojeras muy marcadas al igual que el tabique nasal ; pueden verse los dientes tallados gracias a la boca entreabierta.

La barba es, como es habitual, bífida con rizos en el mentón; el pelo cae en mechones cubriendo el lateral derecho de la cara pero dejando la oreja izquierda a la vista. El tórax está hinchado con costillas muy marcadas por el hundimiento del abdomen. El sudario está tallado a la altura de las caderas.

La obra tiene trazas del manierismo tardio previo al periodo barroco, triangulación de la imagen, delgadez, morbidez anatómica, muestra un cristo muerto naturalista, sin ser estridente, muy cercano al fiel que va a orarle, tal y como Trento deseaba se tallasen las imágenes.


Juan de Mesa y su Cristo de la Agonía

Respecto a la biografía de Juan de Mesa y su obra remitimos a este artículo dentro de este mismo blog, donde se detallan y muestran ambas facetas.

Juan de Mesa y Velasco es una de las gubias más importantes del Barroco sevillano, nacido en Córdoba en 1583, falleciendo por una tuberculosis 44 años después, en  1627. Llega a Sevilla en 1606, entrando de aprendiz en el estudio de Juan Martínez Montañés, con el cual se reparte el olimpo de los tallistas barrocos del sur de España.

En Sevilla realiza la mayor parte de su obra, en su mayoría imágenes procesiones o religiosas, destacando la serie de Crucificados que dejó a Sevilla, captando con exactitud y dramatismo el proceso y la muerte de Cristo, está considerado como uno de los representantes más importantes del realismo sevillano

En 1622 le es encargado un Cristo vivo, clavado en la cruz, con corona de espinas y con una envergadura que fuese superior a la natural, realizando Mesa el Cristo de la Agonía. El encargo lo realiza Juan Pérez de Irazábal, Superintendente de la Armada, que paga 1300 reales, y pretende con esta obra, que donará a la Parroquia de San Pedro, obtener una mayor distinción social en su localidad de origen, Vergara,

Este Cristo, ejemplo de la escuela sevillana de imaginería revoluciona el patrón iconográfico del norte de España y es tal su impacto que se coloca en la única capilla del templo y se prohiben en dicho lugar los enterramientos para no crear privilegios según se pudiera o no pagar los gastos del entierro. Este cristo es uno de los once que talló Mesa, dos de ellos en paradero desconocido

el Cristo de la Agonía refleja el equilibrio entre la divinidad de un Jesús clavado en el madero y el realismo del hombre que agoniza, teniendo un elevado lenguaje evangelizador. Destaca sobre el resto de tallas por el elevada estatura, unos 218 cm. estando considerado la obra cumbre del autor, que en esta imagen rompe definitivamente los cánones protobarrocos de su maestro y crea su propio lenguaje, no en vano a Mesa se le confiere el reconocimiento como el escultor barroco más dramático de la escuela sevillana.

La complexión del cuerpo es atlética, con anchas caderas y una amplia caja torácica. La imagen marca con maestría los músculos que fingen la sensación de que el Cristo se incorpora sobre los clavos de los pies para coger aire o para dirigirse al Padre.

El cristo muestra un escorzo hacia la derecha y se sostiene sobre la pierna izquierda; trasmite la sensación de que asciende debido a que los brazos están colocados casi horizontales. El Cristo mira hacia arriba y a la derecha, con la boca abierta, cejas elevadas que nos da una mirada suplicante no exenta de dramatismo. El sudario es cordífero y deja entrever la cadera izquierda.

Se encuentran similitudes entre el rostro del nazareno y el de la estatua clásica de Laocoonte, si bien la obra de Mesa nos trasmite mas dulzura y calma a los fieles.





















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